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domingo, 20 de junio de 2010

199 AÑOS DEL FUSILAMIENTO DE DON IGNACIO ALDAMA, 143 AÑOS DE LA CARTA DE VICTOR HUGO AL PRESIDENTE JUÁREZ



20 DE JUNIO
1526. Después de haber salido Cortés con su expedición a Las Hibueras el 12 de octubre de 1524, regresa en esta fecha a la Gran Tenochtitlan. Encuentra que el gobierno de la ciudad ha estado cometiendo toda clase de arbitrariedades.

1533. La villa del Espíritu Santo -Guadalajara-, fundada el 18 de abril de 1530 en Nochixtlán, es trasladada al valle de Tlacotán, considerado que este último lugar brinda mayor seguridad contra el ataque de los aborígenes.

1793. El Ayuntamiento de la ciudad de México concede autorización, con el visto bueno del virrey Revillagigedo, a don Manuel Antonio Valdés, impresor y literato mexicano, para que establezca una empresa precursora del transporte de alquiler. Utilizará coches impulsados por un solo caballo.

1811. Aprehendido meses antes en San Antonio Béjar, Texas, es fusilado en esta fecha en Moncolova -del hoy Estado de Coahuila-, el patriota don Ignacio Aldama, abogado y mariscal de campo del Ejército Insurgente y quien fuera nombrado por don Miguel Hidalgo como representante ante los Estados Unidos. Don Ignacio Aldama era originario de San Miguel del Grande -hoy de Allende-, Guanajuato, donde naciera el 7 de mayo de 1780.

1867. Toma de la Ciudad de México. Rendida la plaza de Querétaro por Maximiliano el 15 de mayo de este año, el general imperialista Ramón Tavera, jefe de las tropas sitiadas en la ciudad de México acepta ante el general Porfirio Díaz, la capitulación de la plaza. A efecto de establecer acuerdos, se inician pláticas en Chapultepec entre imperialistas y republicanos.

1867. Es escrita y enviada en este día, una carta del escritor Victor Hugo dirigida al presidente Benito Juárez, en la que se pedía, con memorables, republicanas y justas líneas, por la vida del emperador. Victor Hugo mismo, al comienzo de la intervención francesa en 1863, escribió una primera carta a los habitantes de Puebla, en la que les recordaba que estaba con ellos, pues la Francia que los atacaba no era la República de la gente, sino el Imperio de Napoleón III, 'no era la bandera tricolor de la libertad, la igualdad y la fraternidad, sino aquella del 18 brumario-Toulon'. Al trágico fin del imperio, Victor Hugo vuelve a escribir a los mexicanos, esta vez apelando a su dignidad republicana y contra la ejecución de la pena de muerte contra cualquier ser humano, como un ejemplo de la gracia de la República hacia sus detractores y que no se convirtiera ésta en un ejemplo más de las acciones típicas de un Imperio. Maximiliano viviría así 'por la gracia de la República'. Sin embargo, horas antes de que esta carta fuera enviada, habían sido ya pasados por las armas Maximiliano, Miramón y Mejía, a las 7 de la mañana del sábado 19 de junio. Les transcribo a continuación una humilde traducción de este interesantísimo y apasionado documento, así como su original en francés, que conseguí del tomo de Actes et Paroles II - Pendant l'exil: 1867.
La carta de Victor Hugo a Juárez en español:

AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA MEXICANA
Juárez, usted ha igualado a John Brown.
La América actual tiene dos héroes, John Brown y usted. John Brown, por quien la esclavitud ha muerto; usted, por quien ha vencido la libertad.
México se salvó por un principio y por un hombre. El principio, es la república; el hombre, es usted.
Por demás, es la suerte de todos los intentos monárquicos de terminar en un aborto. Toda usurpación comienza por Puebla y termina por Querétaro.
Europa, en 1863, se lanzó en una aventura contra las Américas. Dos monarquías han atacado a vuestra democracia; la primera con un príncipe, la segunda con un ejército; el ejército trayendo al príncipe. Entonces el mundo ha visto ese espectáculo: de un lado, un ejército, el más aguerrido de Europa, teniendo como punto de apoyo una flota tan poderosa en el mar como él en la tierra, teniendo por avituallamiento todas las finanzas de Francia, reclutado sin descanso, bien comandado, victorioso en África, en Crimea, en Italia, en China, valientemente fanático de su bandera, poseedor a manos llenas de caballos, artillería, provisiones, formidables municiones. Del otro lado, Juárez.
Por un lado, dos imperios; del otro, un hombre. Un hombre con un puñado de otros hombres. Un hombre perseguido de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de bosque en bosque, en la mira de los infames fusiles de los consejos de guerra, acosado, errante, refundido en las cavernas como una bestia salvaje, aislado en el desierto, con un precio puesto sobre su cabeza. Por generales algunos desesperados, por soldados algunos harapientos. Sin dinero, sin pan, sin pólvora, sin cañones. Los arbustos por ciudadelas. Aquí la usurpación llamada legitimidad, allá el derecho llamado bandido. La usurpación, con el casco bien puesto y la espada imperial en la mano, saludada por los obispos, empujando frente a sí y llevando detrás de sí todas las legiones de la fuerza. El derecho, sólo y desnudo. Usted, el derecho, usted ha aceptado el combate.
La batalla de Uno contra Todos ha durado cinco años. Falto de hombres, usted ha tomado por proyectiles las cosas. El clima, terrible, vino a socorrerle; usted ha tenido por ayudante al sol. Usted tuvo por defensores los lagos infranqueables, los torrentes llenos de caimanes, los pantanos llenos de fiebres, la maleza mórbida, el vómito prieto de las tierras calientes, las soledades de sal, las vastas arenas sin agua y sin hierba donde los caballos mueren de hambre y de sed, la gran planicia severa del Anahuac que se guarda por su desnudez como Castilla, las planicies con abismos, siempre conmovidas por el temblor de los volcanes, desde el Colima hasta el Nevado de toluca; usted ha pedido ayuda a vuestras barreras naturales, a la aspereza de las Cordilleras, los altos diques basálticos, las colosales rocas de pórfido.
Usted ha hecho la guerra de gigantes al combatir a golpes de montañas.
Y un día, después de cinco años de humo, de polvo y de cegera, la bruma se disipó, y hemos visto a los dos imperios caer a tierra, no más monarquía, no más ejército, nada sino la enormidad de la usurpación en ruina, y sobre éste derrumbe un hombre en pie, Juárez, y, al lado de este hombre, la Libertad.
Usted ha hecho eso, Juárez, y es grande. Aquello que le resta por hacer es aún más grande.
Escuche, ciudadano presidente de la república mexicana.
Acaba usted de arrasar a las monarquías con la democracia. Usted les ha mostrado el poder de ésta; muéstreles ahora su belleza. Después del rayo, muestre la aurora. Al cesarismo que masacra, muestre la república que deja vivir. A las monarquías que usurpan y exterminan, muestre el pueblo que reina y se modera. A los bárbaros muestre la civilización. A los déspotas muestre los principios.
Dele a los reyes, frente al pueblo, la humillación del deslumbramiento.
Acábelos mediante la piedad.
Es mediante la protección de nuestro enemigo que sobre todo nuestros principios se afirman. La grandeza de los principios, está en ignorar. Los hombres no tienen nombres frente a los principioss; los hombres son el Hombre. Los principios no conocen más que a ellos mismos. En su augusta estupidez, no saben más que esto: la vida humana es inviolable.
¡Oh venerable imparcialidad de la verdad! el derecho sin discernimiento, ocupado solamente en ser el derecho, ¡qué belleza!
Es delante de aquellos que legalmente habrían merecido la muerte que importa abjurar esta vía de hecho. La más bella caída del cadalso se hace delante del culpable.
¡Que el violador de los principios sea salvado por un principio! Que el persecutor del derecho sea abrigado por el derecho. Al despojarlo de su falsa inviolabilidad, la inviolabilidad real, pondrá usted al desnudo la verdadera, la inviolabilidad humana: Que quede estupefacto al ver que el lado por el cuál él es sagrado, es el lado por el cuál él no es emperador. Que este príncipe, que no se conocía hombre, aprenda que hay en él una miseria, el príncipe, y una majestad, el hombre.
Jamás una oportunidad tan magnífica como ésta se presentó. ¿Osaremos matar a Berezowski en presencia de Maximiliano sano y salvo? Uno quiso matar a un rey, el otro a una nación.
Juárez, haga usted dar a la civilización este paso inmenso. Juárez, haga usted abolir en toda la tierra la pena de muerte.
Que el mundo vea este hecho prodigioso: la República tiene en su poder a su asesino, un emperador; al momento de aplastarlo, se da cuenta que es un hombre, lo libera y le dice: Tú eres del pueblo como los demás. ¡Vete!
Será entonces Juárez, su segunda victoria. La primera, vencer a la usurpación, es soberbia; la segunda, perdonar al usurpador, será sublime.
, a esos reyes cuyas prisiones están repletas, cuyos cadalsos están oxidados de asesinatos, a esos reyes de persecución, de exilio, de presidios y de Siberias, a aquellos que tienen a Polonia, a aquellos que tienen Irlanda, a aquellos que tienen La Havana, a aquellos que tienen a Creta, a esos principes obedecidos por los jueces, a esos jueces obedecidos por los verdugos, a esos verdugs obedecidos por la muerte, a esos emperadores que tan fácilmente mandan cortar una cabeza, ¡muestre cómo se perdona la cabeza de un emperador!
Por encima de todos los códigos monárquicos de los que escurren las gotas de sangre, abra la ley de la luz (luz de la ley?), y, en medio de la más santa página del libro supremo, veamos el dedo de la República posado sobre esta orden de Dios: No matarás.
Estas dos palabras contienen el deber.
El deber, usted lo cumplirá.
El usurpador será perdonado, y el libertador no ha podido serlo, lástima. Hace ocho años, el 2 de diciembre de 1859, tomé la palabra en nombre de la democracia y pedí a los Estados Unidos la vida de John Brown. No la obtuve. Hoy le pido a México la vida de Maximiliano. ¿La obtendré?
, y tal vez en estos momentos ha sido ya cumplida mi petición.
Maximiliano le deberá la vida a Juárez.
¿Y el castigo? se preguntarán.
El castigo, helo aquí.
¡Maximiliano vivirá 'por la gracia de la República'.
Víctor Hugo
Hauteville-House, 20 de junio de 1867.

La carta de Víctor Hugo à Juárez en francés:

AU PRÉSIDENT DE LA RÉPUBLIQUE MEXICAINE
Juarez, vous avez égalé John Brown.
L'Amérique actuelle a deux héros, Jhon Brown et vous. John Brown, par qui est mort l'esclavage; vous, par qui a vécu la liberté.
Le Mexique s'est sauvé par un principe et par un homme. Le principe, c'est la république; l'homme, c'est vous.
C'est, du reste, le sort de tous les attentats monarchiques d'aboutir à l'avortement. Toute usurpation commence par Puebla et finit par Queretaro.
L'Europe, en 1863, s'est ruée sur l'Amérique. Deux monarquies ont attaqué votre démocratie; l'une avec un prince, l'autre avec une armée; l'armée apportant le prince. Alors le monde a vu ce spectacle: d'un côté, une armée, la plus guerrie des armées de l'Europe, ayant pour point d'appui une flotte aussi puissante sur mer qu'elle sur terre, ayant pour ravitaillement toutes les finances de la France, recrutée sans cesse, bien commandée, victorieuse en Afrique, en Crimée, en italie, en Chine, vaillamment fanatique de son drapeau, possédant à profusion chevaux, artillerie, provisions, munitions formidables. De l'autre côté, Juarez.
D'un côté, deux empires; de l'autre, un homme. Un homme avec une poignée d'autres. Un homme chassé de ville en ville, de bourgade en bourgade, de forêt en forêt, visé par l'infâme fusillade des conseils de guerre, traquè, errant, refoulé aux cavernes comme une bête fauve, acculé au désert, mis à prix. Pour généraux quelques désespérés, pour soldats quelques déguenillés. Pas d'argent, pas de paint, pas de poudre, pas de canons. Les buissons pour citadelles. Ici l'usurpation appelée légitimité, là le droit appelé bandit. L'usurpation, casque en tête et le glaive impèrial à la main, saluée des évêques, poussant devant elle et traînant derrière elle toutes les lègions de la force. Le droit, seul et nu. Vous, le droit, vous avez accepté le combat.
La bataille d'Un contre Tous a duré cinq ans. Manquant d'hommes, vous avez pris pour projectiles les choses. Le climat, terrible, vous a secouru; vous avez eu pour auxiliaire votre soleil. Vous avez eu pour défenseurs les lacs infranchissables, les torrents pleins de caïmans, les marais pleins de fièvres, les végétations morbides, le vomito prieto des terres chaudes, les solitudes de sel, les vastes sables sas eau et sans herbe où les chevaux meurent de soif et de faim, le grand plateau sévère d'Anahuac qui se garde par sa nudité comme la Castille, les plaines à gouffres, toujours émues du tremblement des volcans, depuis le Colima jusqu'au Nevado de Toluca; vous avez appelé à votre aide vos barrières naturelles, l'âpreté des Cordillères, les hautes digues basaltiques, les colosales roches de porphyre.
Vous avez fait la guerre des géants en combattant à coups de montagnes.
Et un jour, après ces cinq années de fumée, de poussière et d'aveuglement, la nuée s'est dissipée, et l'on a vu les deux empires à terre, plus de monarchie, plus d'armée, rien que l'énormité de l0usurpation en ruine, et sur cet écroulement un homme debout, Juarez, et, á côté de cet homme, la Liberté.
Vous avez fait cela, Juarez, et c'est grand. Ce qui vous reste à faire est plus grand encore.
Écoutez, citoyen président de la république mexicaine.
Vous venez de terraser les monarchies sous la démocratie. Vous leur en avez montré la puissance; maintenant montrez-leur en la beauté. Après le coup de foudre, montrez l'aurore. Au césarisme qui massacre, montrez la république sui laisse vivre. Aux monarchies qui usurpent et exterminent, montrez le peuple qui règne et se modère. Aux barbares montrez la civilisation. Aux despotes montrez les principes.
Donnez aux rois, devant le peuple, l'humiliation de l'éblouissement.
Achevez-les par la pitié.
C'est surtout par la protection de notre ennemi que les principes s'affirment. La grandeur des peincipes, c'est d'ignorer. Les hommes n'not pas de noms devant les principes; les hommes son l'Homme. Les principes ne connaissent qu'eux-mêmes. Dans leur stupidité auguste, ils ne savent que ceci: la vie humaine est inviolable.
Ô vénérable impartialité de la vérité! le droit sans discernement, occupé seulement d'être le droit, que c'est beau!
C'est devant ceux qui auraient légalement mérité la mort qu'il importe d'abjurer cette voie de fait. Le plus beau renversement de l'échafaud se fait devant le coupable.
Que le violateur des principes soit sauvegardé par un principe. Qu'il ait ce bonheur, et cette honte! Que le persécuteur du droit soit abrité par le droit. En le dépouillant de sa fausse inviolabilité, l'inviolabilité royale, vous mettez à nu la vraie, l'inviolabilité humaine: Qu'il soit stupéfait de voir que le côté par lequel il est sacré, c'est le côté par lequel il n'est pas empereur. Que ce prince, qui ne se savait pas homme, apprenne qu'il y a en lui une misère, le prince, et une majesté, l'homme.
Jamais plus magnifique occasion ne s'est offerte. Osera-t-on frapper Berezowski en présence de Maximilien sain et sauf? L'un a voulu tuer un roi, l'autre a voulu tuer une nation.
Juarez, faites faire à la civilisation ce pas immense. Juarez, abolissez sur toute la terre la peine de mort.
Que le monde voie cette chose prodigieuse: la République tient en son pouvoir son assassin, un empereur; au moment de l'écraser, elle s'aperçoit que c'est un homme, elle le lâche et lui dit: Tu es du peuple comme les autres. Va!
Ce sera là, Juarez, votre deuxième victoire. La première, vaincre l'usurpation, est superbe; la seconde, épargner l'usurpateur, sera sublime.
Oui, à ces rois dont les prisons regorgent, dont les échafauds sont rouillés de meurtres, à ces rois des gibets, des exils, des présides et des Sibéries, à ceux-ci qui ont la Pologne, à ceux-ci qui ont l'Irlande, à ceux-ci qui ont la Havane, à ceux-ci qui ont la Crète, à ces princes obéis par les juges, à ces juges obéis par les bourreaux, à ces bourreaux obéis par la mort, à ces empereurs qui font si aisément couper une tête d'homme, montrez comment on épargne une tête d'empereur!
Au-dessus de tous les codes monarchiques d'où tombent des gouttes de sang, ouvrez la loi de lumière, et, au milieu de la plus sainte page du livre suprême, qu'on voie le doigt de la République posé sur cet ordre de Dieu: Tu ne tueras point.
Ces quatre mots contiennent le devoir.
Le devoir, vous le ferez.
L'usurpateur sera sauvé, et le libérateur n'a pu l'être, hélas! Il y a huit ans, le 2 décembre 1859, j'ai pris la parole au nom de la démocratie, et j'ai demandé aux États-Unis la vie de John Brown. Je ne l'ai pas obtenue. Aujourd'hui je demande au Mexique la vie de Maximilien. L'obtiendrai-je?
Oui. Et peut-être à cette heure est-ce déjà fait.
Maximilien devra la vie à Juarez.
Et le châtiment? dira-t-on.
Le châtiment, le voilà.
Maximilien vivra "par la grâce de la République".
Victor Hugo
Hauteville-House, 20 juin 1867

1909. Fuerzas revolucionarias de los hermanos Flores Magón atacan a la guarnición porfirista de Casas Grandes, Chihuahua.

1914. Batalla de Zacatecas. Las fuerzas constitucionalistas de Villa se aprestan a sitiar la ciudad de Zacatecas donde están las fuerzas federales del usurpador Huerta, al mando del general Medina Barrón.

2008. Durante un operativo policiaco realizado en la discoteca News Divine en la delegación Gustavo A. Madero de la Ciudad de México mueren en una estampida doce personas: nueve menores de edad y tres policías. Este trágico suceso resultó en la cancelación de operativos sin manuales de procedimiento o logística inadecuada, y en la renuncia del titular de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, Joel Ortega, el 8 de julio siguiente.

2008. El Servicio Postal Mexicano emite una estampilla postal con la imagen de 'El Santo' y de 'El Hijo del Santo', leyendas de la lucha libre mexicana. Con un tiraje de 200 mil hojas recuerdo y un millón 200 mil estampillas de $6.50 pesos cada una, como un gran homenaje a la pasión nacional por la lucha libre y en particular hacia el 'Enmascarado de Plata'.



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